Un hombre japonés (Yusuke Iseya) paraliza el tráfico de una gran ciudad cuando queda repentinamente ciego. Un aparente buen samaritano (Don McKellar) se ofrece a llevarlo, para después robarle el auto. Su esposa (Yoshino Kimura) lo lleva donde un oculista (Mark Ruffalo), quien no ve nada malo en sus ojos. Además, los ciegos supuestamente viven en la oscuridad total, pero esta ceguera es completamente blanca. Lo que no sabe el médico es que es contagiosa. Todos los mencionados quedarán ciegos también.

Una prostituta con lentes oscuros por prescripción (Alice Braga) espera su turno en el consultorio, antes de hacer el amor con un barman (Gael García Bernal) y cuidar a un niño con problemas en la vista (Mitchell Nye). Dicen que en el país de los ciegos el tuerto es rey, pero no es el caso del personaje de Danny Glover, otro paciente del doctor que perderá el ojo que le queda bueno.

Cuando el buen doctor llega a su casa es cuando vemos a la protagonista de Blindness, su esposa (Julianne Moore), quien tiene la bendición -o maldición, desde otro punto de vista- de ser la única persona que no queda con la vista en blanco. Finge estar ciega para acompañar a su marido a un sanatorio donde las autoridades anónimas encierran a todos los infectados como si fuera una cárcel o un campo de concentración.

Abandonados a su suerte, algunos de los invidentes mostrarán sus mejores sentimientos, siendo solidarios con los demás. Pero las condiciones de hacinamiento y creciente degradación sacan lo peor de algunos de ellos. Cuando se tratan de organizar con la repartición de la comida que les dejan los estrictos miliatres, el barman interpretado por Gael se autodenomina "rey del pabellón 3" y exige dinero o joyas por los alimentos. Después se burlará de su condición y -en el momento en que parecía prepararse para una ranchera- cantará I Just Called To Say I Love You de Stevie Wonder.

La cosa empeorará con su régimen tiránico, capaz de exigir cualquier cosa, mientras la esposa del doctor es la única que podría neutralizarlo. El estreno de la película -que se estrenó en el Festival de Cannes- recibió una amenaza de boicot de organizaciones de invidentes, porque los retrata como depravados. Lo que yo puedo decir es que, al salir del cine, no estaba seguro si la película era buena o mala, sino que era angustiante. Ahora puedo decir que es realmente buena, si uno está dispuesto a soportarla. Sin contar con que fue parcialmente filmada en Uruguay y Brasil, aunque el amigo uruguayo con el que la vi no pudo identificar ningún rincón de su país.


 
     
 

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